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viernes, 29 de agosto de 2014

Manhattan Aprovechamiento y reconversión de lugares en desuso

                          
   



Manhattan
Aprovechamiento y reconversión de lugares en desuso
por la arq. Luciana Machado  para el Portal de Arquitectos
Tres notas, aprovechamiento y reconversión de lugares en desuso, para que la ciudad los gane como espacios de uso común.

El primero de estos lugares descriptos por la arquitecta Machado es High Line, un parque hecho sobre los restos de una vía de tren, en el Lower West Side Manhattan. Construida en 1930 y abandonada en 1980, la vía fue reciclada aprovechando su estructura ondulante y panorámica para construir un parque con especies autóctonas, bancos y espacios para reuniones deportivas, todo al aire libre y con acceso desde la calle.

El segundo de los espacios reciclados y devueltos a la ciudad, North End Way, en Battery Park, era un callejón oscuro utilizado sólo para depositar los grandes contenedores de basura de las empresas y restaurantes que orientaban a él sus salidas de servicio. Mediante un techo vidriado ganó protagonismo y hoy es un paso peatonal, semicubierto al que se abren elegantes vidrieras y cafecitos al paso.

Finalmente, uno de los que será sin dudas uno de los parques más insólitos de Manhattan: Low Line, en el Lower East Side, actualmente en proyecto, que convertirá un enorme espacio subterráneo abandonado hace años, donde funcionaba la terminal de trenes, en un parque subterráneo de uso público, con juegos y grandes murales.

Ganada para la ciudad
Uno de los parques más lindos y más utilizados por los neoyorkinos está hecho sobre los restos de una vía de tren, en el Lower West Side Manhattan. Construida en 1930 y abandonada en 1980, la vía fue reciclada aprovechando su estructura ondulante y panorámica.

La arquitectura y el urbanismo no dejan de asombrarnos. En las ciudades, nos proporcionan constantemente espacios tan generosos que despiertan en los usuarios sentimiento de pertenencia a ese lugar. Esto es lo que pienso cuando recorro High Line Park, una obra que recomiendo visitar en Nueva York. Seguramente, además de disfrutarla pensarán en cuántos espacios públicos actualmente en desuso, abandonados y eventuales basurales o refugio de alimañas, se podría tomar la idea del High Line y ser recuperados para la gente, para la ciudad. Porque dar un nuevo sentido a un espacio público reconvirtiéndolo en algo aprovechable, también es cuidar el medio ambiente.
El actual parque High Line era una estructura metálica elevada unos 10 metros sobre el terreno y con más de 2 kilómetros de largo construida en 1930 para el tránsito de trenes, que funcionó hasta 1980. En 2003 se llamó a concurso internacional de arquitectura para transformarla en un parque público aprovechando que en su recorrido longitudinal atraviesa varios barrios del Lower West Side de Manhattan, ofreciendo extraordinarias visuales de la ciudad y el río. El proyecto ganador fue el del equipo compuesto por James Corner Field Operations and Diller Scofidio + Renfro, con un proyecto que tomó inspiración tanto en los orígenes de la estructura como en la vegetación autóctona y espontánea del lugar. 

El primer tramo del parque, ubicado al sur, fue abierto al público en junio de 2009; los otros dos tramos están en ejecución. El proyecto muestra las mismas especies silvestres existentes cuando era una vía abandonada, creciendo enérgicas generando un borde vegetal paisajístico que flanquea la cinta de pavimento por la que cientos de personas pasean o hacen footing a cualquier hora del día.

El parque, gestionado por el gobierno de la ciudad con mantenimiento a cargo de una asociación de amigos –Friends of The High Line-, está dividido en tres secciones y posee más de una docena de puntos de acceso a lo largo de su recorrido en altura.

Objetivo urbanístico
En un espectro más amplio, el proyecto incluye la consolidación de áreas verdes, recuperación de edificios, conexión a la red de metro y a las principales vías de transporte de la ciudad, todo como parte del extenso plan de reactivación urbanística del borde oeste de la bahía de Manhattan. Hay que tener en cuenta que esta antigua vía de tren está hoy totalmente inserta en la trama urbana, desplazándose en una zona densamente construida, algo muy diferente a cómo era en 1930 cuando el área estaba casi despoblada. Pero la mancha urbana creció y la vía se integró hasta formar parte del paisaje. Esto explica, también, la intensidad con que se utiliza hoy el parque: siempre estuvo allí, sólo que hoy le encontraron un destino.
Hasta aquí, el relato de una obra que, a gusto de quien la mire podrá ser más o menos bella y útil para la ciudad. No creo que en sí eso sea lo más destacable de esta transformación sino reconocer la decisión inteligente de aprovechar una estructura vieja y que, superada por el tiempo aportaba visuales decadentes al área, transformándola en un parque moderno que aporta a la ciudad uno de sus más extraordinarios paisajes.

Es el final feliz de una transformación positiva: de no-lugar, sin belleza ni utilización, a espacio con identidad que la comunidad adoptó con entusiasmo. Sin duda un excelente ejemplo de recuperación de infraestructuras en desuso, evitando la demolición y generando lugares verdes de uso público y gratuito.

Para saber antes de viajar
Obra reciclada: High Line Elevated Park 
Recorre desde Gansevoort Street hasta la calle 34, Lower West Side, Manhattan.
Dos kilómetros de longitud durante los cuales hay varios puntos para subir al parque.
Durante todo el recorrido hay bancos para sentarse a mirar el paisaje de río o tomar sol.
También se puede asistir gratuitamente a clases dadas por voluntarios de pilates, visitas guiadas y clases de astronomía, que se realizan regularmente en High Line. El calendario de clases y visitas está publicado en www.thehighline.org.
Vídeo






Más sobre TIME.com: http://time-blog.com/looking_around/ 

La pista (1930) del ferrocarril elevado en la ciudad de Nueva York se ha convertido en un innovador y contemporáneo parque público. TIME Richard Lacayo hace un recorrido con uno de los arquitectos de diseño, Ricardo Scofido
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Pasaje peatonal vidriado
En Battery Park, un nuevo espacio de uso público suma confort a la ciudad. La arquitectura luce su arte transformador en un pasaje que, de no presentar ningún interés urbano mutó en un espacio cool, intensivamente utilizado como punto de encuentro social.

Las ciudades también son una suma de hechos pequeños, de obras que tal vez nunca merecerán un libro pero que, sumados, hacen que la vida de los ciudadanos sea más confortable. No es lo mismo trajinar a diario calles y veredas que acumulan años de uso sin ninguna mejora que hacerlo por espacios públicos bien proyectados y construidos, renovados de acuerdo a las demandas que el flujo de peatones exige, adecuados a la época y a los cambios que la ciudad manifiesta. Y no siempre es necesario, para que la ciudad ofrezca calidad de vida al transeúnte, un enorme presupuesto público. Muchas veces son los privados quienes aportan para mejorar el entorno que los rodea, beneficiando a todos con ese aporte, como sucedió con esta obra que, sencilla y más bien pequeña para lo que Manhattan nos tiene acostumbrados, cambió totalmente el clima de una zona de Battery Park. Pero comencemos por el principio…

La obra
De lo nuevo que hay para ver estos días en Manhattan -¡que no permite distracciones porque de verdad no duerme nunca!-, la cubierta de vidrio y metal que cubre una peatonal corta llamada North End Way, es muy recomendable. La cubierta fue la frutilla del postre, pero la totalidad de la intervención incluyó veredas de granito, proyecto lumínico con LEDs, y mobiliario de uso público. Los comercios y restaurantes que se brindan a esa calle, sumaron glamour realizando sus remodelaciones para ponerse a tono con las circunstancias. Y por supuesto no hay que olvidar que la fachada posterior de Goldman Sachs –cuya fachada principal está en el 200 de West Street- está sobre la North End Way, y fue la compañía que puso los dólares para que se concreten el desarrollo y la obra del pasaje. 
Battery Park es un área muy visitada por los argentinos. Ubicada a orillas del río Hudson, desde allí salen los transbordadores para visitar la Estatua de la Libertad. Sus edificios modernos de viviendas y oficinas empujan gran movimiento, y entre ellos encontramos algunas de las más famosas obras del arquitecto César Pelli: The Solaire (2003); The Verdesian (2006) y The Visionaire (2009). Entre semejantes testimonios arquitectónicos, llama la atención el uso que se le da al transformado pasaje North End Way.

Dicen que las obras pequeñas no existen cuando su importancia es medida no por su tamaño sino por las soluciones o mejoras que aportan. Este es el caso de la cubierta de vidrio y acero que cubre el pasaje. El techo traslúcido cubre los 1.020 m2 del pasaje y lo cambió de pasaje anodino, de esos que atravesamos sin verlos, a espacio de reunión, protegido del sol y de la lluvia y que, si da, nos encanta citarnos con un amigo para tomar un café en las mesitas de la calle. 
La cubierta cambió la realidad de lo que era simplemente un vacío entre dos edificios ganándolo para el peatón. El diseño se compone de tres triángulos irregulares. El más largo divide la cubierta, que se inclina hacia el extremo Sur, a lo largo de la diagonal. Esa diagonal une y articula el espacio, algo muy necesario ya que North End Way no es un tramo recto sino segmentado. La diagonal alarga la longitud del área dotándola de una elegante plasticidad. Los planos expanden como esforzándose para levantar vuelo, airosamente. Y esta sensación se renueva según la hora del día, porque los planos vidriados filtran con distinta intensidad y las sombras de los edificios proyectan sobre los triángulos sus formas geométricas.

El pasaje forma parte, por proximidad, de las vías de circulación peatonal del West Side de Manhattan, integradas por parques y caminos ribereños, entre ellos la High Line a la que nos referimos en nuestra columna anterior. Justamente si algo relaciona al remodelado pasaje North End Way con la High Line es que no sólo son lugares agradables de paso sino también puntos de encuentro y de llegada, porque al ofrecer equipamiento para estar y sentarse, se reconvirtió también su destino urbano.

El arquitecto
El proyecto de North End Way estuvo a cargo de Preston Scott Cohen, con estudio en Cambridge, Massachusetts, y a cargo del Departamento de Arquitectura de Harvard. Entre otras obras suyas, proyectó el Museo de Arte de Tel Aviv, un edificio con un particular diseño de origami. Y aquí vuelvo sobre la idea de que para el arquitecto no hay obras pequeñas sino oportunidades de hacer cosas transformadoras, independientemente de su envergadura.
Cohen tomó contacto con Goldman Sachs, patrocinante de la obra del pasaje a instancias de Harry Cobb, el experimentado arquitecto de Pei Cobb Freed & Partners, quien lo recomendó especialmente dado su estilo de trabajo detallista y amante de lo geométrico.

El resultado de esa asociación de saber hacer y tener los medios para hacerlo fue, en este caso, este pasaje que deben incluir en su próxima visita a la ciudad, y que estimula a pensar en el juego benéfico de autolimitarse en el uso de lo público sin por ello sentirse limitado en la libertad de uso de la ciudad. Está claro también, a la vista de la obra, que proyectos de arquitectura como este necesitan del buen trato, del buen uso y de la comprensión de quienes los disfrutan, para perdurar en el tiempo y aún mejorar.

Uso inteligente de espacios urbanos en desuso
En Casa Country edición 107 nos referimos a la conversión de una vía de tren abandonada en uno de los parques más lindos de Manhattan: High Line; en la siguiente edición, descubrimos cómo el callejón North End Way se tranformó en una de las peatonales más aprovechadas por los neoyorkinos. Finalizamos esta tríada de obras sustentables con el proyecto de parque subterráneo LowLine.

Luego de recuperar y devolver a la ciudad espacios que parecían destinados a la demolición, como contamos en las notas citadas, los neoyorkinos están esperando la concreción de The Delancey Underground, conocido como LowLine, en el Lower East Side. El proyecto propone convertir un enorme espacio subterráneo abandonado hace años, donde funcionaba la terminal de trenes, en un parque subterráneo cuyas imágenes renderizadas vemos aquí. La reconversión tiene doble valor: por un lado aprovechar un espacio sin utilidad y en decadencia; por otro, enriquecer una de las áreas menos verdes de la ciudad con un nuevo parque.

El proyecto y las tecnologías que se aplicarán para hacer de ese gigantesco sótano un parque pertenecen a James Ramsey, quien fue ingeniero en la NASA y fundó el estudio de arquitectura RAAD. También Dan Barasch, vicepresidente de PopTech, ONG dedicada a la promoción social de aplicaciones tecnológicas, y R. Boykin Curry IV, socio en Eagle Capital, una firma inversora de Nueva York, forman parte del proyecto.
Será necesaria la aplicación de tecnología solar y fibra óptica para generar en ese espacio subterráneo un microclima capaz de reducir las emisiones de carbono y permitir que la vegetación del parque –árboles incluidos- prospere. 
En Manhattan, como en cualquier ciudad del mundo actual, existe una interesante discusión sobre la oportunidad de reciclar y refuncionalizar los espacios que la propia ciudad va dejando de lado en su crecimiento y modificación. Lo bueno es que al término de esa discusión surgen obras como esta.


El proyecto Delancey Underground pretende convertir un terminal de carretilla sin usar debajo de Delancey Street en un extraordinario parque-público subterráneo apodado el "líneaBaja." Inspirado por el increíble impacto de la High Line, las empresas locales, los residentes, líderes de la comunidad, y los actores políticos por igual han expresado considerable entusiasmo por la idea. Ahora estamos enfocados en aumentar este amplio apoyo público, y estamos preparando en serio para hacer de esta visión una realidad. 
Pero el Delancey Underground es más que una revitalización económica oportunidad- también representa el diseño de vanguardia y una nueva generación de la tecnología verde. Es en el corazón de un debate global más amplio sobre el potencial de la infraestructura urbana remanente, y la necesidad de las ciudades de reinventar el significado del espacio, por encima y por debajo del suelo. El proyecto también prevé un nuevo enfoque a tecnología- solar utilizando la fibra óptica innovadoras para reflejar la luz subterráneo, el ahorro de electricidad y reducir las emisiones de carbono, y la generación de la capacidad de las plantas, árboles y pastos para prosperar en el interior. El "líneaBaja" es esencialmente parte de la siguiente fase en el diseño urbano, en el que la escala humana y el aumento de los recursos vigor escasez nosotros imaginar un uso más inteligente, más creativo de los espacios públicos. 
¿Qué llegará a ser este espacio verde del metro? A medida que la High Line ha demostrado, un parque público impresionante puede ofrecer grandes oportunidades para la expresión creativa, mientras que los supuestos difíciles de la forma que los humanos trabajan, viven, conmutar, e interactuar. El proyecto Delancey Underground prevé una serie de programación durante todo el año, lo que invita a la comunidad en el espacio de nuevas maneras. Desde exposiciones de arte, a los mercados de los agricultores, a series educativas, eventos tospecial y promotions- este espacio será más que un espacio. Generará comunidad, y que inspire en la forma en entornos hermosos pueden inspirar. 


http://delanceyunderground.org/

(Los renders se publican por gentileza de Kibum Park de RAAD, LLC)

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