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jueves, 14 de febrero de 2013

Los centros historicos y las transformaciones urbanas.

Los centros historicos y las transformaciones urbanas.

publicado en Cultura y territorio

por Arq. Andrea Cerletti

La dinámica urbana imprime al desarrollo de la ciudad una impronta que va conformando, respecto de la urbe original, nuevas centralidades, interconexiones, desconexiones, sobre explotación de algunas áreas y pérdida de vitalidad de otras. Todos estos procesos son consecuencia de esa dinámica y producen efectos sobre los componentes sociales, económicos  y culturales. Están presentes en la conformación territorial y deben ser considerados cuando se estudia la evolución urbana, la aparición de nuevas centralidades y la redefinición de roles de las áreas existentes.
 Por su parte, los centros históricos cumplen una función local y extralocal, sus actividades predominantes se van modificando a lo largo de la historia y por lo tanto, también su rol en la ciudad. Los factores de contexto son determinantes en esa transformación.
Esto implica hacer un reconocimiento estructural de la problemática para adaptarse a esas transformaciones y permitir, a través de las acciones directas e indirectas, acompañar dichos procesos, permitiendo que estas áreas mantengan su identidad y se adecuen al nuevo rol sin perder vitalidad.

1.            Contexto. Paradojas de la modernidad.

Los avances tecnológicos y la gran dinámica de las comunicaciones han interconectado nuestro mundo de una manera impensada algunas décadas atrás. Pero con ellas se han profundizado los efectos de la penetración cultural y la pérdida de algunos rasgos identitarios. Esto por supuesto, que se agudiza en los países que se encontraban menos preparados para absorberlos.
Los procesos económicos mundiales se han fortalecido en mecanismos que potencian a aquellos países más desarrollados y marginan cada vez más a los que no lo son, y la brecha es cada vez más profunda. La alta concentración de capitales y el poder de los estamentos financieros para la generación de políticas a nivel mundial han dejado su impronta y, a pesar de no mostrar su eficacia, están cada vez más consolidados. El mismo proceso, se da al interior de las regiones continentales y también al interior de los países.
La última crisis económica mundial no hizo más que evidenciar el efecto profundo que ambos procesos, el de la globalización y el de las diferencias económicas entre países -incluidas  regiones continentales-, generan en aquellas sociedades más vulnerables.
Los efectos de todo este proceso que ha comenzado hace varias décadas pero que sigue en expansión, se manifiestan en todos los órdenes y están caracterizados por la expulsión masiva de población, del sistema. La opulencia desmesurada y la pobreza extrema son las dos caras de una misma moneda. La marginación, la violencia, la inseguridad, el enfrentamiento, la intolerancia, la indiferencia, el enajenamiento aparecen como síntomas y en esto, sólo en esto, ya no hay diferencias entre quienes viven en países desarrollados o en países pobres.
Los efectos sociales y culturales de este proceso mundial aparecen en nuestras ciudades siguiendo las mismas lógicas, pero con procesos cada vez más acelerados. Los desplazamientos de población no reconocen fronteras ni barreras legales, pues imperan las necesidades básicas ante todo.
El crecimiento demográfico en ciudades por migración interna, que son eco de una tendencia regional de muy alta concentración, ha generado un altísimo porcentaje de población urbana, llegando en nuestros días al orden del 80% en América Latina y el Caribe[1]. Este es un factor muy importante en las transformaciones urbanas de las ciudades junto a los condicionantes económicos y sociales, pero no es el único. Se trata, en general, de ciudades que forman  parte de grandes megalópolis, donde los límites administrativos son demarcaciones burocráticas pero no reflejan el altísimo nivel de interconexión interna de la gran mancha.
Estas transformaciones implican desplazamientos en múltiples direcciones y se traducen, en algunos casos en alta densificación; en otros en deterioro y degradación. Hay nuevas prácticas, nuevas costumbres, traídas por los migrantes a estos grandes núcleos absorbentes, y también hay trasformaciones culturales por efecto de la globalización y gran impacto de las comunicaciones.
La interculturalidad y diversidad es uno de los efectos de este proceso y ha encontrado nuevos significados y contenidos de lo urbano, de lo público y de lo privado.
El rol que la comunidad le asigna al territorio donde habita, donde trabaja, donde puede realizar actividades de esparcimiento, donde se expresa políticamente, van marcando un modo de apropiación singular.
En la actividad residencial, aparecen los country suburbanos y los condominios urbanos, intentando ofrecer cada vez más servicios dentro de sus límites “seguros”, para que no sea necesario “salir afuera”. Esto va trasformando los conceptos de ciudad, comunidad y, por supuesto, estimula una modalidad de vínculos basados en conceptos cerrados y de homogeneidad.
En la actividad comercial, la aparición de las grandes infraestructuras comerciales hace ya varios años que modificaron las modalidades de consumo, ya que ofrecen no sólo bienes sino también actividades recreativas. Ir al Shopping se convierte en un paseo en el que se pueden resolver múltiples necesidades sintiéndose “seguro”.
No puede obviarse el impacto que generan todos estos cambios, traducidos en múltiples desplazamientos y, como se trata de ámbitos de una envergadura cada vez mayor, se producen concentraciones cada vez más masivas. El sistema circulatorio urbano es poco flexible, no se pueden abrir o ensanchar calles con facilidad, ni incrementar las redes subterráneas rápidamente, para responder a las crecientes demandas para circular.
A este tema se suma la problemática que se plantea para cubrir los requerimientos de estacionamiento, demanda creciente y a la vez problemática, por las consecuencias que tiene     en el tejido urbano y en la sustitución del stock edilicio.
Finalmente, para complejizar aún más el panorama, se encuentra el enmarañado sistema de jurisdicciones que resulta una traba permanente para generar políticas públicas y ejecutar planes, a nivel de la gran metrópolis.


2. De zona central a zona vulnerable y a atractivo turístico.


Los cascos históricos han transitado por diversas etapas en la evolución urbana y en su valoración social. En los orígenes de una ciudad son el centro en el que se desarrolla la mayor parte de las actividades vitales, frecuentemente asiento de sedes políticas, administrativas y del poder económico, social y cultural.
A medida que la ciudad crece, suele producirse un desplazamiento del eje de expansión urbana, acompañado de un cambio en sus funciones originales, con ello, la vitalidad empieza a desarrollarse en otras zonas de la ciudad. El riesgo es que este sector urbano, rico en historia y en bienes de alto valor patrimonial, que mantiene su ubicación central y una muy buena accesibilidad, a veces no puede evitar los problemas de tugurización, falta de vitalidad y deterioro, la pérdida de valor del suelo y de población (lo que se traduce en sustitución de pobladores).
Aún con las particularidades de cada caso, este recorrido se ha evidenciado en muchas ciudades. 
Por otro lado, la presión inmobiliaria condiciona negativamente las áreas históricas porque resulta difícil resolver la ecuación valor potencial / valor patrimonial, si sólo se la reduce a términos económicos crudos. 
Cuando los centros históricos poseen un alto valor de centralidad corren el riesgo de que los quieran trasformar demoliendo edificios para edificar con un mayor aprovechamiento del suelo. Si no poseen un alto valor de centralidad, corren el riesgo de no atraer inversiones y decaer hasta su tugurización.
Por otro lado, existen condicionantes respecto del tema de la red vehicular. La típica traza reticulada y regular latinoamericana, a diferencia de los trazados orgánicos e irregulares de las ciudades europeas, posee un grado de inserción en el entramado general de la ciudad que a veces las perjudica a la hora de protegerlas. El intenso tráfico aparece como una dificultad recurrente en las áreas históricas. Este es un tema que requiere soluciones específicas para el área, a la vez que globales en la red de tránsito de la ciudad, permitiendo que los residentes mantengan niveles de accesibilidad altos, sin que esto implique una utilización intensa de las vías de circulación, que deteriore el área.
Otro de los efectos singulares a considerar, que no se presenta mayoritariamente pero existe en algunas grandes ciudades -es el caso de Florianópolis y Montevideo- es el cambio de rol de un sector de la ciudad por efecto de desplazamiento abrupto de actividades, generalmente centrales y administrativas o financieras, generando una abrumadora presencia de stock vacante. Las implicancias de estos cambios de rol pueden dar lugar a procesos de deterioro muy impactantes y difíciles de revertir, a menos que se desarrollen como parte de una estrategia planificada continua, acompañadas de inversiones sostenidas y de un trabajo de consenso bien articulado.
A menudo esta problemática se da en las zonas históricas porque, por sus características particulares o por imposiciones culturales, se les reconocen posibilidades acotadas de adaptación o trasformación a nuevos destinos, sobre todo cuando se trata de actividades con un uso intenso de tecnología.
No es intensión de este documento analizar la conveniencia o no de impulsar, desde las políticas públicas, este tipo de desplazamientos, pero sí considero oportuno señalar que, cuando se plantean, se debe evitar que el desplazamiento se produzca antes de articularse las modalidades de ocupación y el destino futuro del sector.
No se debe perder de vista que cuando se habla de protección de un área no hay que pensar sólo en lo edilicio o lo físico, sino también en las costumbres y la gente que la habita. Se trata además, de proteger conjuntos dentro de contextos, porque la recuperación de ciertos paisajes urbanos, de grupos tipológicos que marcan la evolución y evidencian modos de construcción, hábitos de uso y aprovechamiento, se trasforma en testimonios que le otorgan un sentido para el conjunto de la sociedad.
En las últimas décadas se avanzó en la concientización de la población, sobre la importancia de las áreas históricas de la ciudad en la construcción de memoria e identidad. Se plantea entonces, la necesidad de poner en valor estos sectores urbanos, a través de proyectos en los que el Estado actúa de forma directa, o establece normas para regular de forma indirecta, sobre el accionar privado.
Cuando estas acciones se implementan y el área se convierte en un lugar atractivo, se genera una nueva problemática a resolver: evitar que se convierta en un sector sin residentes, o bien evitar que las acciones impliquen la expulsión indirecta de los pobladores. 
Es así como, proteger sus características por ser elementos centrales en la construcción de la identidad, resulta un desafío de cara a las múltiples necesidades que el área plantea y el rol del Estado para poder llevar adelante el duro equilibrio, nunca podrá resolverse bien si queda sólo en manos de las reglas del mercado.
Las políticas sobre suelo a través de los instrumentos normativos aparecen como adecuados mecanismos de regulación del mercado inmobiliario. Su correcta aplicación es vital para proteger las áreas de valor patrimonial, pero al mismo tiempo, deben ser acompañadas de acciones más directas que estimulen la inversión y la vitalidad en el sector.



3. Sobre las potencialidades de los cascos históricos.


El Casco Histórico es un sector urbano muy particular dentro de la ciudad y no puede ser escindido de ella. Las transformaciones urbanas impactan sobre las estructuras existentes y demandan estudios que resuelvan las nuevas necesidades, sin que ello implique la pérdida de identidad.
Se mencionaron anteriormente, los cambios de rol de los cascos históricos a lo largo del tiempo y que mayoritariamente fueron los núcleos originales de población, concentradoras de poder económico, social y político. Este rol, tan significativo para la ciudad, se traduce en una alta concentración de testimonios de la evolución de esa sociedad.
Se ha hablado de los aspectos vulnerables cuando no es factible compatibilizar adecuadamente los factores que permitan la sostenibilidad y vitalidad, con continuidad en el tiempo. Es momento de plantear entonces las potencialidades, que se fundamentan y apoyan, en el reconocimiento de sus características de un modo muy amplio, pero también requieren una especial atención a los aspectos que la amenazan.
Es allí donde se debe recordar que la problemática de contexto, descripta en la primera parte, tiene efectos sobre la gran metrópolis y sobre la ciudad, ya que, si la zona histórica se encuentra en una etapa de gran vulnerabilidad, será objeto de una invasión inmediata aprovechando su centralidad y stock vacante, pero peligrando su sostenibilidad.
¿Cómo encarar la sostenibilidad de los cascos históricos y de su actividad residencial?; ¿Cómo evitar la expulsión de la población existente al momento de las intervenciones de puesta en valor?; ¿Cómo resolver la convivencia entre los residentes del área y el turismo reduciendo los impactos?; Cómo gestionar la reconversión de algunos usos?; ¿Cómo operar sobre el área sin poder actuar directamente sobre los factores estructurales que impactan sobre el área?, son algunos de los interrogantes que uno se podría plantear.
Posiblemente será objeto de opiniones diversas, pero entiendo que tender a la diversidad de usos, de horarios en la que se desarrollan las actividades, de usuarios y también la heterogeneidad de residentes, son algunos de los factores que contribuyen a revertir la fragilidad. También lo es fortalecer la identidad, mantener su carácter simbólico y sostener la actividad residencial y costumbres barriales, aún cuando el sector se encuentre en área central, o cuando deba absorber las demandas turísticas habituales en estos casos. Justamente es ésta la situación que se plantea en Buenos Aires.
Por todos los factores mencionados oportunamente, el trabajo sobre la contención social, al tiempo que se generan o impulsan intervenciones urbanas y edilicias, es de vital importancia para generar una política de inclusión, al tiempo que se debe buscar que las políticas públicas se desplieguen estratégicamente y actúen como reguladoras y disparadoras de acciones privadas.
Por otro lado hay que destacar que es importante que la protección del área se logre mediante una modalidad que no descargue todas las obligaciones, ni en los propietarios, ni en el Estado.
La responsabilidad sobre la gestión de los centros históricos debe ser compartida entre todas las partes involucradas para que se impulse su desarrollo, respetando la ciudad heredada. Se deben encontrar mecanismos y herramientas de gestión que eviten la imposición. Hay que actuar por consenso para tener mayores probabilidades de concreción. En general, el trabajo con la comunidad, implica un camino más largo pero, por contrapartida, genera un compromiso entre las partes que beneficia en el largo plazo.
La gente se apropia del proyecto y lo defiende. Esto, no sólo se lo trabaja a través de la concientización, sino también, logrando que la continuidad sea parte del proyecto. En este sentido hay que contar con una adecuada legislación que acompañe estos procesos.
Las modalidades de gestión, por otro lado, deben adecuarse a los cambios que se presentan –muchos de ellos, mencionados anteriormente, en forma somera- y las estrategias de actuación deben ajustarse a ritmos de cambio, cada vez más vertiginosos.
Los cascos históricos requieren políticas sostenidas, con planes que se prolonguen en el tiempo, y si bien no existen fórmulas ni recetas que garanticen resultados, tampoco se actúa sobre una realidad que admita la improvisación.
Finalmente, cabe retomar la idea de que los cascos históricos no pueden conservarse en una burbuja. No existe posibilidad de evitar que se reproduzcan en ellos (a veces de forma aumentada) los problemas que devienen de cuestiones sociales y económicas estructurales.
Generalmente no disponemos de los resortes para revertir esos procesos de manera profunda. Pero esta realidad no puede desconocerse, y hay que ser concientes del impacto que producen. Esto implica incorporarla a las políticas específicas. No hacerlo, sería como intentar tapar el sol con la mano.




[1] Florencia Quesada Avendaño, "Imaginarios urbanos, espacio público y ciudad en América Latina". Revista de la Cultura. PensarIberoamérica. OEI para la Educación y la Cultura. Nº 8. Abril-Junio 2006.

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